Nueva colaboración con el equipo de Dónde Vamos Eva, a modo de reflexiones sobre la situación del turismo en Nariño, mi amado departamento.
Nariño, una joya por descubrir en el sur de Colombia, sigue ganando protagonismo en el mapa turístico del país tras años de letargo. Poco a poco, ha despertado el interés de viajeros y expertos, consolidándose como un destino emergente.
Como cada año, esta región buscará reafirmar su crecimiento en la Vitrina Turística de ANATO en Bogotá, con una destacada delegación integrada por: operadores, agencias, guías, hoteles y representantes institucionales (Gobernación, Alcaldías, Cámaras de Comercio y otros funcionarios).
Esta delegación trabajará para fortalecer la promoción y el posicionamiento de Nariño como destino turístico de interés, así como para seguir cautivando a los compradores nacionales e internacionales presentes en ese importante evento.

Nariño ¿destino de turismo emergente?
Esperamos que esta delegación nariñense proyecte a nuestra región sureña como lo que verdaderamente es: un paraíso donde la biodiversidad alcanza lo inconmensurable y que sirva para mejorar y avanzar en la situación del turismo en Nariño.
Somos andinos, pacíficos y amazónicos, y esa identidad nos otorga una riqueza natural sin parangón, acompañada de una gastronomía que eclipsa a cualquier otra región.
Tenemos un buen número de razones para afirmar que Nariño es uno de los destinos turísticos de mayor interés, atractivo y variedad de Colombia.

A continuación, muestro algunas de ellas:
– Patrimonio Material e Inmaterial
Nuestro patrimonio material e inmaterial es tan vibrante como su gente.
Si algo define a Nariño, es su identidad reflejada en su artesanía, plasmada con maestría en la hipnótica perfección del barniz de Pasto, en el minucioso “milagro” del enchape de tamo y en los emblemáticos sombreros de paja toquilla, símbolos de trabajo y tradición incomparables.
Su esplendor se eleva también en su arquitectura religiosa, con joyas únicas como el majestuoso Santuario de Las Lajas y los magníficos templos de Pasto, testigos de una historia que sigue latiendo en cada piedra y en cada rincón, con detalles artísticos que continúan asombrándonos.

-Edén de productividad agrícola y ganadera
Es fundamental destacar otro de los grandes emblemas de esta tierra: la presencia de múltiples volcanes, cuyas cenizas enriquecen los suelos y convierten a Nariño en un edén de productividad.
Aquí se cultiva el mejor café suave del mundo, un elixir galardonado año tras año en la prestigiosa “Taza de Excelencia”.
En el sur, la leche se transforma en quesos y derivados lácteos de calidad insuperable, mientras que en la costa Pacífica, el cacao despliega su aroma y textura incomparables, conquistando paladares y fortaleciendo el turismo comunitario y rural.
Cada cosecha, cada grano y cada sabor narran la historia de una tierra que no solo alimenta, sino que enamora.

– Turismo de Naturaleza
Pero Nariño no solo se saborea, también se recorre y se siente en el alma. Sus paisajes son un mosaico de contrastes, donde la naturaleza invita a la aventura y a la contemplación.
Desde los páramos envueltos en neblina hasta la selva exuberante del piedemonte amazónico, cada sendero es un viaje hacia lo sublime.
Aquí, el avistamiento de aves se convierte en un espectáculo celestial, con colibríes que desafían el viento y aves rapaces que surcan los cielos como guardianes ancestrales.
Caminar por sus rutas de trekking es adentrarse en un territorio de leyenda, donde cada montaña, río y bosque guarda secretos que susurran con el viento.
Nariño es una tierra para exploradores de espíritu, un santuario natural que cautiva los sentidos y deja huellas imborrables en el corazón.

Pero ¿Lo estamos haciendo bien en turismo?
No todo es color de rosa. Tenemos mucho que aprender y hacer si no queremos que todo lo que hemos construido se derrumbe por nuestra propia negligencia.
No hemos aprendido a defender lo que tenemos, y ese descuido puede salirnos caro. Pasto, por ejemplo, corre el riesgo de ahogarse en su propio éxito durante el El Carnaval de Negros y Blancos,
Esa joya cultural que tanto nos enorgullece, desbordó la ciudad este año de tal manera que, si no corregimos el rumbo, podría transformarse en una trampa caótica en lugar de una celebración. Las calles, en vez de ser avenidas de alegría, se convirtieron en un calvario de caos y frustración.
Desde la movilidad colapsada hasta la ausencia de servicios básicos, todo se salió de control, dejando a los turistas descontentos y preguntándose si realmente vale la pena tanto sacrificio para visitar un destino que, paradójicamente, parece incapaz de recibirlos con lo mínimo indispensable.
Tal es la situación del turismo en Nariño en la gran capital.

Turismo versus utilitarismo
Pueden encontrarse ejemplos de cómo la ineficaz gestión y el absoluto utilitarismo del lugar como mercancía turística están provocanco colapsos en nuestro departamento.
Además, Nariño tiene algunos lugares extremadamente publicitados y conocidos mientras el resto del teritorio, repleto de joyas naturales, patrimoniales y culturales, espera el maná del turismo.
Veamos algunos ejemplos de la situación del turismo en Nariño que merece la pena destacar:
– La Cocha, humedal Ramsar en agonía
Tenemos el caos de La Cocha, lago emblemático de Nariño que, a pesar de ser promovido como uno de nuestros principales atractivos turísticos, enfrenta retos ambientales monumentales que nadie parece dispuesto a abordar con seriedad.
¿Cómo podemos seguir vendiendo este destino como un paraíso cuando ni siquiera somos capaces de proteger nuestros propios ecosistemas?
La Cocha, ese majestuoso espejo de agua rodeado de montañas y biodiversidad, sufre el impacto de la contaminación y la deforestación, mientras seguimos sin una respuesta integral.

La falta de infraestructura adecuada en vías y saneamiento básico, la presión descontrolada del turismo y la apatía para implementar verdaderas políticas de conservación y de organización del territorio, la han convertido en una bomba de tiempo.
Y, aun así, insistimos en promocionarla como la joya que nos salvará, sin hacer nada por evitar que se desgaste, que se marchite, que deje de ser lo que tanto nos enorgullece.
– Las Lajas, el santuario colapsado
Las Lajas, el “santuario más hermoso del mundo”, tampoco escapa al desastre; lo que debería ser un santuario de paz y devoción se convirtió en la temporada de enero (coincidienco con el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto) en un embudo de caos vehicular interminable.
Los turistas no se llevaron la imagen de un paraíso escondido, sino la de un destino incapaz de manejar su propio éxito.
Y si hablamos de “santuario”, habría que empezar por lo básico: un río limpio, no una corriente contaminada que arruina el paisaje sagrado. La basura se acumula sin control, mientras las baterías sanitarias son insuficientes y, en muchos casos, indignas para un sitio de tal importancia.
¿Y qué decir del acceso? Para llegar al templo, hay que descender más de 80 escalones, una odisea imposible para quienes tienen movilidad reducida.
¿Cómo es posible que un destino de talla internacional aún carezca de infraestructura inclusiva?
Seguimos presumiendo de Las Lajas como una joya turística, pero, en lugar de cuidarla y hacerla accesible, la dejamos ahogarse en su propio abandono.

– El olvido del Pacífico más allá de Tumaco
Y, por supuesto, no podemos olvidarnos de nuestra hermosa zona Pacífica en esta reflexión sobre la situación del turismo en Nariño.
Hay algo que debemos entender de una vez por todas: la costa de Nariño no es sólo Tumaco.
Francisco Pizarro, Mosquera, La Tola, El Charco, Olaya Herrera, Santa Bárbara, Barbacoas, Magüí y Payán poseen una belleza que deja sin aliento, paisajes que desafían cualquier definición de lo sublime.
Sin embargo, estos lugares siguen siendo invisibles para el mundo, condenados al olvido mientras el nombre de Tumaco monopoliza la identidad de toda la costa pacífica nariñense.
¿Qué más hace falta para que el mundo vea lo que realmente somos? ¿Seguiremos estigmatizando estos destinos, condenándolos al abandono y a la desesperanza?
¿O simplemente nos quedaremos de brazos cruzados, esperando a que todo se derrumbe bajo el peso de nuestra propia indiferencia?

Desafios del turismo en Nariño
Promocionar está bien, pero el verdadero desafío de la situación del turismo en Nariño no es sólo atraer turistas, sino preguntarnos cómo vamos a recibirlos.
Si algo hemos aprendido últimamente, es que estamos lejos de estar preparados. La realidad es clara: la demanda ya nos rebasó y si no cambiamos de estrategia, el turismo masivo será nuestra condena. ¿Es eso lo que realmente queremos?
Seamos sinceros: el turismo masivo no es sinónimo de desarrollo, es sinónimo de caos. Llena las calles, pero no deja nada más que estrés y desorden. Las multitudes llegan, consumen rápido, dejan su basura y se van sin mirar atrás.
Una apuesta por el turismo consciente y de calidad
En cambio, el turismo consciente y de calidad, aquel que busca lo auténtico, que respeta nuestras costumbres y valora el esfuerzo por preservar lo que somos, es el único que puede garantizar beneficios sostenibles a largo plazo.
La pregunta es: ¿seguiremos apostando por la cantidad o, de una vez por todas, aprenderemos a apostar por la calidad? Mientras tanto, ¿Qué estamos haciendo? Promocionando sin un plan claro para manejar la demanda.
La Gobernación y las alcaldías de Pasto, Tumaco, Ipiales y demás municipios deben entender que, si no se organizan y no invierten de inmediato en infraestructura adecuada para soportar la presión turística, la región se convertirá en una trampa.
Los turistas están llegando, sí, pero no lo harán para siempre si seguimos inflando precios, ignorando el caos en la movilidad y descuidando lo que tenemos, el paraíso que estamos vendiendo terminará convertido en una pesadilla.
Y esta es la situación del turismo en Nariño actualmente.

Entonces, de cara a la presencia de nuestro departamento en ANATO, debemos reflexionar: ¿qué tipo de turismo queremos? ¿El que llega, nos exprime y se va sin mirar atrás, dejando solo problemas? ¿O el que respeta, valora y cuando se marcha, deja su huella, pero no su caos?
La decisión es nuestra, pero al ritmo que vamos, “la gallina de los huevos de oro ya está buscando la salida”.
Espero sus opiniones, sugerencias, debate sobre la situación del turismo en Nariño en el apartado destino a los comentarios. También pueden leer otros artículos sobre rutas y turismo en Colombia aquí.
¡Gracias!




Excelentes rutas presentadas en esta portada. Nariño tiene aún más destinos para un turismo sostenible. Deberíamos incluir el cercano Valle de Sibundoy (el nacimiento del río Putumayo), los 90 Km de la vuelta al Volcán Galeras (Circumvalar), la zona arqueológica del municipio de Arboleda/Berruecos con sus múltiples petroglifos monumentales, los picachos de ‘La Inga’ y de Galcalá, entre otros destinos menos conocidos pero de gran hermosura.
Hola Ralf, muchas gracias por su comentario. Totalmente de acuerdo con sus apreciaciones, Nariño tiene infinidad de destinos para practicar turismo sostenible. Poco a poco los iremos mostrando en este blog en colaboración con Jesús.
Tomamos buena nota de algunas recomendaciones par próximos viajes.
Saludos cordiales,
Eva