No sabemos muy bien dónde está la frontera entre lugares bonitos y lugares increíbles, esos sitios que te dejan con la boca abierta,
Después de tantos años viajando hemos aprendido que no tiene demasiado que ver con la fama del lugar, ni con que aparezca en todas las guías, ni siquiera con que sea especialmente espectacular en una fotografía.
Puede ser el paisaje, una historia, una sensación extraña, el frío, la niebla, el miedo o esa mezcla de cosas que resulta imposible explicar cuando intentas contarlo después.
Paisajes, pueblos y momentos de nuestros viajes situados en lo profundo de nuestra memoria por lo que nos hicieron sentir.
Algunos son paisajes extraordinarios. Otros son pueblos, montañas o rincones con alguna historia que los hace todavía más especiales. Y en alguno, sencillamente, nos encontramos con algo inesperado.
Puede que no sean los más famosos, ni los repetidamente fotografiados,pero son 10 lugares que, por una razón u otra, nos dejaron con la boca abierta y la cámara olvidada 😉
Y como estos recuerdos no entienden de fronteras ni de orden, vamos a saltar de un país a otro.
De Ecuador a Irán, de Marruecos a Alemania, de Colombia a Bélgica… Lugares muy distintos entre sí, pero con algo en común: en todos hubo un momento sin saber muy bien qué decir.
Palmira, Ecuador: un desierto negro en mitad de los Andes
Palmira está en la provincia de Chimborazo, en los Andes ecuatorianos. Cuando llegas hasta allí cuesta entender muy bien qué pinta un desierto en un paisaje de montaña donde esperas encontrar otra cosa completamente distinta.
Aquí la arena es fina y oscura. El viento la levanta y, cuando empieza a correr con fuerza, pequeñas partículas se meten por todas partes entre tu ropa.
A eso se suma la niebla andina, que aparece y desaparece mientras el paisaje cambia delante de nosotros. Y hace frío. Mucho.
Y ahí estamos tiritando, mirando aquel desierto negro y preguntándonos si lo que sentimos es frío, nervios o un poquito de miedo. Porque Palmira impone.
Acostumbrados a relacionar los desiertos con el calor, la sequedad y grandes extensiones amarillas, en este paraje natural ocurre todo lo contrario.
La arena es oscura, estamos en plena cordillera de los Andes y la niebla puede envolvernos en cuestión de minutos. Por momentos parece que alguien haya cambiado las reglas del paisaje.
Y entonces, nos damos cuenta del nombre: Palmira. Un desierto andino con nombre de ciudad siria.
Cerramos los ojos cuando el viento arrecia y hacemos el bobo un rato entre aquella arena oscura. Nos alejamos con la extraña sensación de haber estado en un lugar que no debería estar allí.

Oraman, Irán: la magia del Zagros
Llegar a Oraman, también conocido como Hawraman, es entrar en uno de los paisajes más singulares del Kurdistán iraní.
La región se extiende por las montañas del Zagros, en el oeste de Irán, cerca de la frontera con Irak. Sus pueblos se adaptan a unas laderas difíciles, con las casas prácticamente unas encima de otras, terrazas de piedra y una arquitectura condicionada por la montaña.
Desde lejos, Oraman parece un gigantesco belén encaramado al mítico monte Zagros.
En 2021, el Paisaje Cultural de Hawraman/Uramanat entró en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como un reconocimiento de la relación entre las comunidades hawrami y un territorio montañoso.
Esta zona, habitada durante milenios, ha sido aprovechada mediante la agricultura en terrazas, ganadería y una forma de vida tradicional adaptada a un terreno tremendamente exigente.

Y entonces entendemos un poco mejor lo que tenemos delante. Aunque, cuando estamos allí, no pensamos en la UNESCO, ni en la historia, ni siquiera en el viaje. Hay algo en Oraman que nos desarma.
Las montañas, las casas, el silencio, la sensación de estar tan lejos de todo… Nos emocionamos hasta llorar y todavía hoy nos cuesta explicar exactamente por qué.
No es tristeza, tampoco alegría, es otra cosa. Es una de esas emociones que aparecen sin pedir permiso y para las que no encontramos una explicación razonable.
Quizá sea la magia del Zagros, de este valle mágico, o quizá simplemente sea uno de esos momentos en los que el lugar y quienes lo visitan se encuentran en el momento perfecto.
Lo cierto es que, cuando pensamos en Irán, Oraman aparece siempre.
Gara Medouar, Marruecos: Hamunaptra nos pisa los talones
En los alrededores de Erfoud, en el sureste de Marruecos, el paisaje parece hecho para una película.
Y allí se ubica Gara Medouar, una impresionante formación rocosa con forma de herradura elevada en mitad de un territorio desértico.
Su silueta ya resulta suficientemente extraordinaria por sí sola, pero nosotros llegamos hasta allí con una imagen muy concreta en la cabeza: La Momia.
Gara Medouar fue uno de los escenarios utilizados para recrear la ciudad perdida de Hamunaptra y, después de haber visto aquella película unas cuantas veces, resulta imposible no acordarse de ella al estar allí.
Cuando llegas, tienes la sensación de estar en aquella película, con la tormenta de arena avanzando sobre el desierto pisándonos los talones. La roca, el calor, el desierto alrededor…Todo ayuda.
Gara Medouar ya tenía una historia mucho antes de convertirse en escenario cinematográfico, pero reconocer aquel paisaje añade otra capa al lugar.
Y ahí estamos nosotros, mirando la enorme formación rocosa, intentando asimilar que estamos dentro de uno de los escenarios que tantas veces hemos visto en la pantalla.

Río Piscinas, Cerdeña: una cicatriz de fuego y hierro
La Costa Verde de Cerdeña guarda algunos de los paisajes más inesperados de la isla, entre ellos: el río Piscinas.
Aquí el agua tiene un color rojizo que parece imposible. Rojo de fuego, de hierro oxidado, como una enorme cicatriz que atraviesa el paisaje antes de acercarse a las dunas de Piscinas.
La explicación está en la historia minera de esta zona sarda. Durante siglos se extrajeron minerales en la zona y los restos de esa actividad todavía forman parte del paisaje.
Pero cuando estás delante del río, la explicación científica pasa a un segundo plano. Porque alrededor tienes las dunas, el Mediterráneo, en definitiva la impresionante Costa Verde de Cerdeña.
Y ese rojo del Piscinas parece un paisaje sacado de Marte. Sabemos dónde estamos. Pero durante un rato no lo parece.

Externsteine, Alemania: piedras de otra época
No sabíamos de la existencia de Externsteine. Llegamos hasta allí gracias a nuestra anfitriona de Couchsurfing. Son las sorpresas de un viaje, pues no son lugares planificados para visitar.
Externsteine se encuentra en el bosque de Teutoburgo, cerca de Horn-Bad Meinberg, en Renania del Norte-Westfalia. Un conjunto de formaciones de arenisca, emergiendo verticalmente entre el bosque, como si alguien hubiera colocado allí unas gigantescas columnas de piedra.
Cuando lo ves de lejos, no crees que algo así esté en Alemania. Para acceder se paga una entrada, algo que también se hace en otros parajes naturales del país.
Después, te das cuenta que se puede subir por las rocas. Y cuanto más avanzas, más extraño resulta el lugar.
El bosque queda abajo. Las piedras aparecen a nuestro alrededor y las formas cambian según avanzamos. De pronto hemos retrocedido siglos.
Externsteine está rodeado de historias y tradiciones relacionadas con antiguos cultos germánicos. Durante mucho tiempo se ha identificado popularmente con un antiguo lugar sagrado de los sajones y con la legendaria Irminsul.
Posiblemente, eso le otorga la mágica atmósfera. No hace falta decidir qué parte pertenece a la historia y cuál a la leyenda.
Estamos allí, entre aquellas enormes piedras, subiendo por ellas y mirando alrededor y nos sentimos teletransportados a algún lugar de leyenda.

Termales de Tajumbina, Colombia: ¿hasta allí abajo tenemos que ir?
Las Termales de Tajumbina, en el entorno del volcán Doña Juana, del departamento de Nariño, es uno de esos lugares hechos para contemplar desde arriba.
Enfrente hay una montaña verde de la que brota una cascada, y abajo, las aguas termales, paredes de roca cubiertas de verde y vapor saliendo del agua caliente y sulfurosa.
Y nosotros pensando: ¿Hasta allí abajo tenemos que ir? Porque desde arriba impresiona.
Las aguas surgen de las entrañas de este territorio volcánico y aparecen en mitad de un paisaje completamente verde, escondidas entre las rocas.
Y cuando llegas abajo el agua caliente, la vegetación, la roca y el vapor te rodean. Aquello es de película. Por momentos no sabemos si estamos en Avatar o el paraíso del dios Hades.
Pero lo mejor es estar allí abajo y descubrir que la realidad es bastante más bonita de lo que sale en algunas películas 😉

Tombeau du Géant, Bélgica: envueltos en la niebla
El Tombeau du Géant, en Valonia, dibuja un enorme meandro alrededor de una montaña cubierta de bosque. La primera reacción es casi restregarse los ojos. ¿De verdad estamos viendo esto?
Hay unos bancos en el mirador y nosotros nos sentamos. Nos quedamos allí un buen rato.
Las famosas nieblas de los bosques de las Ardenas belgas llegan poco a poco y terminan envolviéndolo todo. Nos atraviesan mientras seguimos mirando el meandro del Semois.
Algo mágico hay en esta zona. Quizá sea la combinación del bosque, el río, la niebla y todas esas leyendas que forman parte de la historia del lugar.
Entre ellas está la del gigante que, según la tradición, habría dado nombre a aquella montaña. No sabemos cuánto hay de historia y cuánto de leyenda.
Tampoco nos importa demasiado, estamos sentados mirando el paisaje. ¡Y eso es suficiente!
En nuestro viaje por las Ardenas Belgas todo sucedió como en una leyenda, entre nieblas e infinito color verde.

Bugarach, Francia: el fin del mundo podía esperar
Bugarach se hizo famoso por las historias relacionadas con las profecías mayas de 2012.
El pequeño pueblo francés y el Pic de Bugarach se convirtieron durante un tiempo en escenario de todo tipo de teorías: extraterrestres, supervivientes del apocalipsis, energías especiales.
Y hasta allá fuimos tras visitar la misteriosa Rennes-le-Château.
Reconocemos que llegamos con cierta emoción. Después de todo, estamos entrando en uno de esos lugares que han conseguido convertirse en leyenda.
Esperamos encontrar algo especial. Y lo encontramos. Pero no exactamente lo que imaginábamos.
Bugarach está de fiesta. Y por todo el pueblo suena Michael Bublé.
Así que allí estamos nosotros, en uno de los lugares que supuestamente iba a sobrevivir al fin del mundo, dando un paseo mientras suena música.
La escena es tan absurda que todavía nos hace sonreír. Fuimos buscando el pueblo de las profecías y acabamos disfrutando de una tarde de fiesta. ¡El fin del mundo podía esperar!
Aunque reconocemos que la energía y la belleza de este lugar nos dejó sin palabras.

Colares, Portugal: de la arena a la copa
Cuando uno piensa en viñedos portugueses, probablemente imagina laderas, terrazas, muros de piedra, hileras de cepas perfectamente ordenadas. Nosotros también.
Por eso llegar a Colares y encontrarnos con sus viñedos creciendo prácticamente enterrados en la arena nos deja bastante desconcertados.
Queríamos conocer aquellos viñedos prefiloxéricos, una rareza que además tiene para nosotros un interés especial porque el mundo del vino y el enoturismo forma parte de muchos de nuestros viajes.
Pero una cosa es haber leído sobre ellos y otra caminar entre la arena y descubrir aquel paisaje fascinante de cepas en la arena y árboles frutales con sus copas prácticamente a la altura de nuestros pies.
Las viñas de Colares llevan siglos creciendo en estas arenas y algunas de sus cepas sobrevivieron a la filoxera gracias, precisamente, a las características del suelo arenoso.
Y ahí estamos nosotros, caminando entre las viñas, mirando aquel paisaje tan extraño y disfrutando de la sensación de haber descubierto una manera completamente diferente de entender el vino.
Después de conocer los viñedos visitamos la Adega Regional de Colares, la histórica cooperativa vinícola de la localidad para probar el vino elaborado con aquellas uvas que crecen en un terreno tan peculiar.
Y entonces entendemos que no estamos simplemente ante un paisaje curioso sino ante una forma de hacer vino ligada a este territorio y a una historia que ha conseguido sobrevivir durante generaciones.

El Torcal de Antequera, España: ¿cómo no habíamos venido antes?
Nos cuesta entender cómo tardamos tanto en conocer el Torcal de Antequera. Habíamos visto fotografías, claro. Pero ninguna te prepara para estar allí.
Las formaciones calizas, las enormes rocas apiladas, los pasillos, las formas que la erosión ha ido creando durante millones de años. Todo tiene una peculiar belleza plástica.
Caminas entre ellas y vuelves a sentir esa sensación de estar en un lugar que no termina de parecer terrestre. Y entonces recuerdas dónde estás: en Málaga, España.
Y solo puedes pensar: ¿Cómo no hemos venido antes?
La Peña de los Enamorados, visible desde Antequera, añade otra historia al paisaje con su característica silueta y la leyenda de los dos amantes que habrían elegido morir juntos antes que separarse.
Pero el Torcal no necesita demasiadas explicaciones, hay que caminarlo. Mirarlo. Pararse delante de las rocas y dejar que la cabeza haga el resto.
Vivir un atardecer en este paraje natural es una de las cosas que debes hacer antes de morir 😉

Y tú, ¿Conocías alguno de estos lugares increíbles de la tierra? ¿Cuál nos recomiendas visitar? Te leemos en los comentarios.




0 comentarios