Si estás planificando una escapada a Perpiñan y buscas un alojamiento único, con carácter, alejado del ruido y a la vez cercano a la ciudad, te recomendamos Le Mas Latour Lavail, una encantadora masía tradicional catalana perfecta para una experiencia de relax y vino.
Para nosotros, viajar al sur de Francia siempre tiene algo de ritual, algo mágico.
Esta vez lo hemos sentido en el alojamiento elegido para nuestro recorriendo por el Rosellón, concretamente en una antigua masía catalana del siglo XVI, reconvertida en hotel boutique vinícola.

Ubicado a las afueras de Perpiñán, entre hileras de viñedos y bajo cielos inmensos, Mas Latour Lavail te recibe con una calma que casi se puede tocar.
El aroma de la vid, la piedra caliente del edificio, la brisa templada del Rosellón, todo en esta finca invita a disfrutar del entorno, a respirarlo de una manera tranquila y pausada, tal y como nos gusta.
Lo vivido en esta masía ha sido especial, un lugar inolvidable que ya guardamos en nuestro baúl de buenos recuerdos y al que soñamos con volver.

Una masía con historia y alma vinícola
Nada más llegar, uno siente que está en un lugar con historia.
Lionel Lavail, director de la reconocida bodega Cazes, ha restaurado con mimo la propiedad familiar donde creció, respetando su alma catalana y dotándola de diseño moderno.
El resultado es una fusión armónica entre lo antiguo y lo contemporáneo: piedra vista, techos altos con vigas de madera, muebles sobrios, toques de color y el vino como hilo conductor.
Cada detalle nos ha recordado el pasado vinícola de la finca con detalles como el spa ubicado en antiguas cubas de vino.

También disfrutamos de su hammam, biblioteca y zonas de relax que invitan a olvidarse del mundo.
Todo aquí es quietud, tu vienes a disfrutar, a relajarte, a desconectar, y lo consigues, pues a la masía no le falta de nada.

Habitaciones con nombre de vino
El detalle más interesante es la temática de las habitaciones: cada una lleva el nombre y el color de un Vin Doux Naturel, los vinos dulces naturales, joyas del Rosellón.
Nosotros descansamos en la habitación Grenat, un espacio elegante en tonos burdeos, con decoración que evocaba el carácter del vino que da nombre al espacio.
El término Grenat se refiere a un color rojo oscuro asociado a un tipo específico de vino dulce, como el Rivesaltes Grenat o Maury Grenat, que se elabora con uvas Garnacha.

Un lugar perfecto para dos amantes del vino como nosotros.
Dormir aquí es sumergirse en el lenguaje del vino con los cinco sentidos.
Uno de nuestros momentos favoritos fue sentarnos bajo los árboles del jardín, con una copa de vino en la mano, dejando que el tiempo pasara sin prisa.

También aprovechamos para hacer una pequeña cata de vinos locales, visitar algunas localidades cercanas y cenar en el restaurante La Table d’Aimé, propiedad de la misma familia.
¿Qué ver y hacer cerca de Mas Latour Lavail?
Mas Latour Lavail tiene una ubicación privilegiada, a solo 10 minutos en coche del centro de Perpiñán, pero lo suficientemente apartado como para sentirse en plena naturaleza.
Desde aquí también es fácil visitar la costa mediterránea o aventurarse hacia los Pirineos.
Aunque se respira tranquilidad y silencio entre viñedos, en realidad estás a solo unos minutos de algunos de los lugares más fascinantes del Rosellón.
Durante nuestra estancia, aprovechamos para descubrir pueblos con encanto, calas escondidas, viñedos centenarios y una buena dosis de arte y cultura catalana a la francesa.
Aquí van nuestras recomendaciones:
–Perpiñán, la capital catalana del sur de Francia (a 10 minutos)
Una ciudad vibrante, con callejuelas coloridas, mercados llenos de vida y un legado medieval fascinante.
No te pierdas el imponente Palacio de los Reyes de Mallorca, el Castillet o el ambiente animado de las terrazas en el casco antiguo.

–Collioure, luz mediterránea y poesía (a 30 minutos)
Un pueblo de postal que nos enamoró.
Paseamos por sus calles empedradas, visitamos el castillo frente al mar y rendimos homenaje a Antonio Machado en su tumba.
Entre galerías de arte, barcas de colores y tapas junto al puerto, Collioure nos regaló uno de los mejores atardeceres del viaje.
–Ruta del vino en el Rosellón
La bodega familiar Domaine Cazes ¡imprescindible!
También puedes conocer los Vin Doux Naturel y otros tesoros de esta tierra soleada.
En muchas ofrecen visitas guiadas, catas y productos gourmet.

–Playas cercanas: Argelès-sur-Mer y Canet-en-Roussillon (30–40 minutos)
Además de Collioure, si buscas un baño en el Mediterráneo, estas dos localidades costeras ofrecen playas extensas.
Ideales tanto para relajarse como para practicar deportes acuáticos.
También encontrarás restaurantes de pescado fresco, animados mercadillos al atardecer y una ruta fascinante, vinculada a la historia reciente de España: «La ruta de la retirada».
–Castelnou, un pueblo detenido en el tiempo (a 40 minutos)
Declarado uno de los “pueblos más bellos de Francia”, Castelnou es una joya medieval entre colinas.
Su castillo en lo alto, las casas de piedra y los talleres de artesanía lo convierten en una escapada perfecta para una mañana diferente.

Si buscas un lugar diferente, con alma, donde el vino no solo se bebe sino que se respira, Mas Latour Lavail es tu sitio.
Este alojamiento lo tiene todo: historia, diseño, hospitalidad, naturaleza y un toque mágico que lo hace inolvidable.
Nos fuimos con muchas ganas de volver, y con algunas botellas de vino en la maleta.
Ya sea que viajes por amor al vino, al arte o a los paisajes, Mas Latour Lavail se convierte en el punto de partida perfecto para descubrir una región diversa, soleada y llena de sorpresas.
Si quieres conocer hoteles para tus escapadas y viajes, te dejamos nuestras experiencias en el apartado alojamientos con encanto.




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