Altafulla, la otra Costa Dorada

Cuando pensamos en la Costa Dorada (Tarragona), normalmente nos vienen a la cabeza localidades megaturísticas como Salou o Cambrils, con su extensa oferta hotelera y de ocio. Sin embargo, Altafulla, pese a la presión turística de la marca “sol y playa” es, prácticamente, un territorio “virgen”.

Puede que no sea atractiva para la gente joven ávida de fiesta, botellón y atracciones. O para muchos turistas que gozan del shopping y la variada oferta hostelera, pero a nosotros, Altafulla nos ha enamorado.

Llegamos a la localidad un 30 de diciembre, intentando despedir el año con una escapa cercana para aprovechar el cálido día.

¡Y vaya si lo tuvimos! Altafulla nos recibió con 19º, con un sol casi de verano que nos obligó a dejar el abrigo en el coche y, más tarde, quedarnos en maga corta.

Conocimos esta localidad tras una breve parada al regreso de una escapada al Delta del Ebro y, aunque breve, fue suficiente para abrirnos el apetito de volver para conocerla mejor.

Restos de la cisterna de agua conocida popularmente como La Tartana en la Villa Romana dels Munts
Restos de la cisterna de agua en la Villa romana dels Munts

Nuestro paseo por Altafulla

Empezamos nuestra visita indagando en su historia.

¿Lo mejor? conocer a los primeros habitantes que eligieron este paraje para asentarse y edificar una casa con vistas al mar.

Villa Romana dels Munts

Según el códice de construcción romana, antes de elegir el lugar donde levantar una villa, se debe conocer bien su climatología, saber si el lugar está exento de fuertes tormentas y orientar la edificación a levante.

Justo así se construyó la villa dels Munts, yacimiento arqueológico de época romana de imprescindible visita.

Centro de Interpretación Villa Romana dels Munts Altafulla Costa dorada Tarragona
Villa Romana dels Munts

En general, bien conservada, aún pueden verse paredes con pinturas al fresco, mosaicos y magníficos detalles de sus grandes cisternas, jardines y baños.

Els Munts se ubica al norte de Altafulla, a pocos metros de la playa y de la zona residencial. Está muy bien señalizada por lo que resulta fácil llegar hasta ella.

El recinto muestra una villa para romanos de alto estatus que buscaban el disfrute, el ocio y el buen descanso, aunque en sus inicios fue explotación agraria.

La villa contaba con unas enormes cisternas, las más grandes que hemos visto en una construcción de estas características, lo que denota la importancia del agua como elemento esencial para sus residentes.

Cisternas de agua en Villa Romana dels Munts de Altafulla
Cisternas de agua

Así, el hipocausto, los baños y los jardines, configuran una de las partes más importantes de este complejo.

A nosotros nos han dejado fascinados, impresionan su conservación y dimensiones.

Después de la visita a la villa, y sin necesidad de mover el vehículo, andamos por una calle que muere en la kilométrica playa de Altafulla.

Playa de Altafulla y paraje natural de la desembocadura del río Gaia

El paseo marítimo (más bien, el Carrer de les Botigues de Mar) discurre entre impolutas casitas de dos plantas de aire marinero, paralelas a la playa.

Paseo marítimo Altafulla Costa Dorada conocido como el carrer Botigues de mar
Calle Botigues de mar y playa

La playa, aun siendo invierno, está salpicada de parejas, de familias e incluso, de algún bañista que, animado por la buena temperatura, se atreve con unas aguas no tan frías como antaño. 

En un paseo de media hora, hemos llegado a la desembocadura del río Gaia, límite de Altafulla e inicio de la localidad de Tamarit.

Un grupo de ánades gozan del sol y posan para nosotros. Aunque estamos seguros de que se acercan con intención de conseguir comida.

Desembocadura río Gaia entre Altafulla y Tamarit
Desembocadura río Gaia Altafulla

Más allá de esta desembocadura, nos aproximamos a Tamarit y su llamativo castillo a pie de costa.

Otra de esaas desconocidas joyas con las que cuenta la Costa Dorada y la provincia de Tarragona en general.

Pero, los cortos días de invierno nos obligan a dar media vuelta y buscar un lugar donde disfrutar de platos de la zona.

Playa Altafulla con castillo de Tamarit al fondo
Playa Altafulla con castillo de Tamarit al fondo

Posiblemente, la práctica inexistencia de hoteles a pie de mar, así como la escasa oferta hostelera, han ayudado a conservar un pueblo tan auténtico como es Altafulla.

Un restaurante familiar con alma

La mayor parte de los establecimientos, a pie de playa, cierran fuera de temporada.

Pero, como suele suceder en nuestros viajes, la Serendipia quiso que conociéramos a Xavi Nicolás, propietario del restaurante Voramar “Cal Vitali”.

La experiencia de un viaje o de una escapada es la suma de varios factores. En Altafulla, la experiencia gastronómica fue todo un acierto al encontrarnos con este restaurante.

Situado a pie de playa, su cocina, al mando de la chef Sara Nicolás, ofrece unos platos exquisitos. Campeona de España al mejor arroz en 2017, la joven chef, hija del propietario, hace honor a su título.

En Can Vitali hemos comido una de las mejores paellas de nuestra vida, a la vez que hemos vivido una experiencia inolvidable junto a Xavier y su equipo.

Se hace imposible no recomendarlo.

Comiendo paella en restaurante Voramar de Altafulla
Paella en restaurante Voramar – Can Vitali

Para que el albariño con el que acompañamos la paella nos permita conducir después con seguridad, decidimos dar un paseo por el núcleo histórico de Altafulla.

La Villa Closa de Altafulla

El corazón de la localidad no se ubica junto a la playa. Se sitúa a unos dos kilómetros, tierra dentro.

El paseo nos lleva hasta la parte alta, donde nos introducimos en la Vila Closa (villa cerrada).

Un bello conjunto de calles escalonadas nos guían hasta la Iglesia, teñida de dorado por el sol de poniente. Sonreímos con el bello espectáculo del atardecer en la Costa Dorada.

Iglesia de Sant Mertí de Altafulla durante el atardecer. El color del sol nos recuerda que estamos en la Costa Dorada
Iglesia de San Martín al atardecer

Junto a la enorme iglesia, sobresale un impresionante castillo, el conjunto es embriagador y pensamos ¿Cómo es posible que no hayamos venido antes?

Un paseo calmado, donde la falta de turistas y el silencio enriquecen este paisaje urbano de recoletas calles y plazas bien cuidadas, nos entretiene el resto de la tarde.

Collage de rincones del centro histórico de Altafulla
Rincones de Altafulla

Entre los bellos rincones de su casco histórico, que consigue atraparnos a cada paso, descubrimos el hotel Gran Claustre.

Nos permiten el acceso a este magnífico edificio histórico que incluye una agradable zona de spa donde relajarse, pero eso queda para otro día.

Carmelo Caballero

Curioso por naturaleza. Aporto mi particular visión sobre el turismo sostenible, el patrimonio desconocido y los viajes colaborativos. Me apasiona compartir viajes a través del vídeo. ¿Conoces nuestro canal?

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