Muchas veces nos preguntan: ¿en qué nos inspiramos para planificar un viaje? ¿Qué nos lleva a elegir un destino u otro?
La respuesta es sencilla: la inspiración está en todas partes. Libros, documentales, conversaciones, películas o incluso otros viajes pueden convertirse en el punto de partida de una nueva aventura.
En esta ocasión decidimos recorrer Andalucía siguiendo las huellas de un autor y de su obra. Así nació nuestra ruta literaria de Cuentos de la Alhambra, el libro con el que Washington Irving dejó constancia de su fascinación por estas tierras.
Durante el viaje llevamos el libro con nosotros y fuimos relacionando sus páginas con los lugares por los que pasábamos.
En este artículo contamos esa parte más literaria del recorrido: la figura de Washington Irving, su relación con Andalucía y las historias que nos acompañaron hasta Granada.
Si quieres conocer las etapas y organizar el recorrido en coche, puedes consultar nuestra guía de la Ruta de Washington Irving entre Sevilla y Granada.
Washington Irving, de Sevilla a la Alhambra
En uno de nuestros viajes quisimos rendir homenaje a los viajeros románticos que recorrieron Europa entre finales del siglo XVIII y buena parte del XIX, atraídos por lo exótico, lo desconocido y todo aquello que se alejaba de su mundo cotidiano.
Entre ellos se encontraba Washington Irving, escritor y diplomático estadounidense que viajó por Andalucía entre 1828 y 1829.
En 1828 se instaló durante varios meses en Sevilla.
Allí investigó en el Archivo General de Indias, recorrió la ciudad y se interesó por la historia de España, la figura de Cristóbal Colón y el pasado andalusí que todavía asomaba entre palacios, torres y murallas.
Durante nuestra visita, el guía nos contó que alguien animó al escritor a continuar el viaje con estas palabras:
«Si Sevilla te ha cautivado, debes viajar a Granada, la joya del antiguo Al-Ándalus».
Y así lo hizo. En mayo de 1829, Washington Irving emprendió el viaje desde Sevilla hasta Granada.
Atravesó a caballo la campiña sevillana y las tierras de Málaga antes de llegar a la antigua capital nazarí.
Irving se alojó durante una temporada en la propia Alhambra.
La convivencia con sus habitantes, las leyendas que escuchó y las historias asociadas a los palacios fueron dando forma a Cuentos de la Alhambra, publicado por primera vez en 1832.
Casi dos siglos después, nosotros decidimos seguir parte de aquel recorrido.
Evidentemente, cambiamos los caballos por el coche, pero llevamos su libro con nosotros y las mismas ganas de dejarnos sorprender por el camino.

Cuentos de la Alhambra y la mirada romántica de Andalucía
Cuentos de la Alhambra reúne recuerdos del viaje de Washington Irving, descripciones de los palacios y una serie de leyendas que el escritor fue escuchando durante su estancia en Granada.
Historia y ficción se mezclan en unas páginas que ayudaron a difundir fuera de España una imagen romántica de Andalucía.
Al leerlo, nos llamó especialmente la atención su manera de observar los lugares y conversar con las personas que encontraba por el camino.
Irving no se limitó a describir monumentos: también escribió sobre posadas, arrieros, habitantes de los pueblos y relatos transmitidos de generación en generación.
Aquella visión de Andalucía también atrajo a otros escritores, músicos y pintores europeos del siglo XIX.
Entre ellos estuvo Prosper Mérimée, autor de Carmen, cuya obra contribuyó a alimentar un imaginario poblado de leyendas, personajes populares y paisajes andaluces.
El viaje de Irving se recuerda actualmente a través de la Ruta de Washington Irving, integrada en las Rutas de El legado andalusí, reconocidas como Itinerario Cultural del Consejo de Europa desde 1997.
Para nosotros, sin embargo, el punto de partida siguió siendo el libro y la curiosidad por conocer los lugares que aparecían en sus páginas.

Sevilla y la inspiración del viaje
Conociendo ya la historia de Washington Irving, recorrimos Sevilla buscando algunos de los lugares relacionados con su estancia en la ciudad.
Entramos en el Archivo General de Indias, paseamos por el entorno de la Catedral y los Reales Alcázares y localizamos la casa (privada) del callejón del Agua donde se alojó.
Pero Sevilla también nos llevó tras las huellas de la antigua Isbiliya.
Entre restos de murallas, torres y edificios levantados sobre construcciones anteriores fuimos descubriendo un pasado andalusí que todavía aparece en rincones inesperados de la ciudad.
Parte de aquel recorrido lo contamos con más detalle en nuestro paseo por la Sevilla andalusí, una de las facetas de la ciudad que mejor nos ayudó a comprender la fascinación de Irving por Andalucía.

La campiña sevillana y sus pueblos históricos
Al dejar Sevilla comenzamos a reconocer algunos de los paisajes que acompañaron el viaje de Washington Irving hacia Granada.
La primera parada fue Alcalá de Guadaíra, considerada durante siglos la benefactora de Sevilla por el agua y el pan con los que abastecía a la capital.
Mientras caminábamos junto al río y sus antiguos molinos harineros, aquella expresión cobró todo su sentido.

Después continuamos hasta Carmona, el Lucero de Europa.
Allí encontramos una ciudad levantada sobre siglos de historia, con huellas tartésicas, romanas, andalusíes y medievales conviviendo dentro de su casco antiguo.
Recorrer la campiña nos permitió empezar a relacionar las páginas del libro con un paisaje real de caminos, pueblos y campos que todavía marca el trayecto entre Sevilla y Granada.

Osuna y Estepa: historia y tradición
Osuna nos sorprendió tanto que terminamos quedándonos varios días.
Sus palacios, conventos, la Universidad y la Colegiata nos fueron descubriendo una villa ducal con mucho más patrimonio del que imaginábamos antes de llegar.
Entre todos sus rincones, el Coto de las Canteras fue el que más nos descolocó. Aquella enorme cavidad excavada en la roca parecía trasladarnos muy lejos de la campiña sevillana.
Al dejar Osuna, el paisaje comenzó a cambiar. Los campos dieron paso a colinas cubiertas de olivos y, al llegar a Estepa, recordamos una frase de Washington Irving:
«En este punto nos adentramos en la sierra».
Era una frase breve, pero describía perfectamente lo que veíamos desde la carretera. Estepa marcaba el paso entre la campiña sevillana y las tierras que conducen hacia Granada.
La ciudad añadió además otros sabores al viaje: mantecados, polvorones y aceite de oliva.
Literatura y gastronomía se mezclaron de nuevo en una etapa que terminó con el coche cargado de productos locales.

La naturaleza en la provincia de Málaga
Nuestra ruta literaria no consistió en reproducir paso a paso el viaje de Washington Irving.
Como hacemos habitualmente, fuimos incorporando lugares que despertaban nuestra curiosidad, aunque nos obligaran a desviarnos del camino.
En Fuente de Piedra dedicamos buena parte del día a recorrer los senderos y miradores de la laguna.
La visitamos en enero, antes de la llegada de las grandes colonias de flamencos, pero aquel paisaje abierto y silencioso consiguió retenernos hasta la puesta de sol.

Muy cerca conocimos El Refugio del Burrito, un proyecto dedicado al cuidado y la recuperación de burros y mulos.
La visita nos dejó una huella especial y terminó convirtiéndose en uno de los recuerdos más entrañables de esta etapa.

Después llegamos a Antequera, donde nos esperaban los dólmenes, la Alcazaba, la Peña de los Enamorados y el paisaje de roca caliza de El Torcal.
Aquellas paradas no aparecían necesariamente en las páginas que llevábamos en la mochila, pero acabaron formando parte de nuestra propia versión del viaje.

Archidona y los paisajes románticos
El camino hacia Granada nos llevó hasta Archidona, una ciudad blanca situada entre las sierras malagueñas.
Llegamos un lunes tranquilo y encontramos cerrados muchos de sus monumentos.
Aun así, paseamos por el centro histórico, conocimos la plaza Ochavada y subimos hasta el Santuario de la Virgen de Gracia, levantado sobre la antigua alcazaba.
Desde allí arriba contemplamos el recinto amurallado, los tejados de Archidona y un paisaje que encajaba perfectamente con la Andalucía descrita por los viajeros románticos.
Durante buena parte del trayecto nos acompañó además el perfil de la Peña de los Enamorados, con su leyenda de amores imposibles.
Las puertas cerradas nos impidieron conocer algunos lugares, pero no consiguieron quitarnos las ganas de caminar por aquella «señora de la altura».

Loja y la puerta de Granada
Nunca habíamos oído hablar de Loja, la ciudad del agua hasta que apareció en las páginas de Cuentos de la Alhambra.
Solo por eso, su lugar en nuestra ruta literaria estaba asegurado.
Llegamos bajo un cielo gris, casi negro, y una lluvia intensa que nos acompañó durante buena parte de la visita.
A pesar del tiempo, recorrimos los miradores, el barrio medieval de la Alcazaba, el Centro de Interpretación del Agua y el Monumento Natural de los Infiernos de Loja.
Washington Irving describió la ciudad como uno de los centinelas de la Vega y la «llave de Granada», una imagen que se entiende al observar su posición entre montañas, junto al paso natural del río Genil.
También conocimos sus aceites y probamos los famosos roscos de Loja.
La ciudad que habíamos descubierto gracias a un libro terminó sorprendiéndonos por su historia, sus paisajes y, cómo no, su gastronomía.

Granada y el final del viaje literario
Granada no era únicamente la última parada. Era el lugar hacia el que nos había conducido Cuentos de la Alhambra desde el principio del viaje.
Después de atravesar pueblos, campos y sierras, dedicamos casi seis horas a visitar la Alhambra de Granada con calma.
En la mochila llevábamos el libro y a Pipo, nuestra mascota viajera, que también había recorrido con nosotros todo el camino desde Sevilla.
Paseamos por el Generalife, la medina, los Palacios Nazaríes y la Alcazaba hasta llegar a la sencilla habitación donde una placa recuerda la estancia de Washington Irving en 1829.
Frente al esplendor de los palacios, aquel espacio casi vacío podía pasar desapercibido. Para nosotros, sin embargo, fue uno de los momentos más emocionantes de la visita.
Estábamos en el lugar donde las historias que nos habían acompañado durante el viaje comenzaron a tomar forma.
Allí cerramos el círculo iniciado meses atrás con la lectura de un libro.
Después de seguir las huellas de su autor desde Sevilla, Cuentos de la Alhambra ya no era solo una colección de relatos: también formaba parte de nuestro propio viaje.

Vídeo Ruta literaria Cuentos de La Alhambra
En este vídeo reunimos algunos de los paisajes, ciudades y momentos que formaron parte de nuestro viaje tras los pasos de Washington Irving.
Este recorrido fue nuestro pequeño homenaje a Washington Irving, un autor que supo ver en Andalucía una historia, una cultura y un legado que merecían ser contados.
Nosotros comenzamos el viaje como lectores y lo terminamos sintiéndonos parte de aquellas páginas. Desde entonces, Cuentos de la Alhambra ocupa un lugar especial en nuestra biblioteca viajera.
Y tú, ¿alguna vez has recorrido un lugar inspirado por un libro o por un autor? Nos encantará conocer tu experiencia en los comentarios.




pedazo de ruta! que bien lo pasasteis! os encantan estos road trips verdad?
alguno de los pueblos que mencionas los hemos visitado y son una preciosidad! volveremos a los que no hemos visitado
preciosas fotos!
Muchas gracias por el comentario Enrique. Si, somos fans de los roads trips y de las rutas temáticas, como esta del Legado Andalusí :-). La libertad de viajar con tu propio coche y hacer kilómetros, ufff, para nosotros es primordial. Nos alegra que te haya gustado la ruta y que tomes nota de lo que no conoces.
Un abrazo
Eva y Carmelo
Me encantan Málaga y Granada así que me apunto esta ruta para cuando vuelva por enésima vez, espero que pronto!!
Buena idea Diana! Seguro que te sorprende como a nosotros. Una ruta a tener en cuenta 🙂
Eva y Carmelo
A mi me ha encantado, porque además a mi me gusta mucho mezclar los viajes reales con los viajes literarios. Enhorabuena por el post tan didáctico.
Saludos viajeros
LoBo BoBo
Muchas gracias por el comentario Paco! como nos gustan estas rutas!! nos alegra encontrar a más viajeros que hacen viajes temáticos como nosotros :-), a ver si coincidimos en alguno.
Un abrazo
Eva y Carmelo