Nuestro interés por la Ruta de Washington Irving surgió tras la lectura de uno de los libros más famosos del escritor y diplomático estadounidense: Cuentos de la Alhambra.
A través de sus páginas descubrimos el entusiasmo de aquellos viajeros románticos del siglo XIX que llegaban a España atraídos por sus paisajes, sus ciudades cargadas de historia y una Andalucía que les parecía exótica y muy alejada de sus países de origen.
Escritores, músicos y pintores fueron dejando constancia de sus viajes y contribuyeron a difundir fuera de nuestras fronteras aquella imagen romántica de Andalucía que todavía hoy despierta curiosidad.
Nosotros decidimos seguir parte de aquellas huellas entre Sevilla y Granada.
Durante doce días recorrimos en coche ciudades monumentales, pueblos de la campiña y espacios naturales, adaptando la Ruta de Washington Irving a nuestra forma de viajar y deteniéndonos en todo aquello que despertaba nuestro interés.

Qué es la Ruta de Washington Irving
La Ruta de Washington Irving forma parte de las Rutas de El legado andalusí, reconocidas como Itinerario Cultural del Consejo de Europa desde 1997.
El recorrido entre Sevilla y Granada está inspirado en el viaje que Washington Irving realizó en mayo de 1829.
El escritor atravesó la campiña andaluza camino de la antigua capital nazarí, pasando por posadas, pueblos y ciudades que después aparecerían en sus relatos.
El itinerario clásico ronda los 250 kilómetros e incluye 24 localidades de las provincias de Sevilla, Málaga y Granada.
Actualmente, la ruta también se prolonga hasta La Rábida y otros lugares colombinos de Huelva que Irving visitó en 1828 mientras investigaba sobre Cristóbal Colón.
Nosotros nos centramos en el trayecto entre Sevilla y Granada, pero no seguimos las 24 paradas ni intentamos reproducir literalmente el viaje del escritor.
Organizamos el recorrido a nuestra manera, incorporando lugares que nos interesaban por su patrimonio, sus paisajes, su gastronomía o, sencillamente, porque nos apetecía conocerlos.

Datos prácticos para recorrer la Ruta de Washington Irving
Nuestro viaje comenzó en Barcelona, a casi 1.000 kilómetros de Sevilla.
Para no hacer todo el trayecto de una vez, dividimos la ida en dos jornadas: Barcelona–Madrid y Madrid–Sevilla.
El regreso lo hicimos en sentido inverso, con una primera etapa entre Granada y Madrid y otra desde Madrid hasta Barcelona.
Estos desplazamientos añadieron cuatro días al viaje, dos de ida y dos de vuelta.
Si no quieres hacer tantos kilómetros, puedes volar hasta Sevilla y alquilar allí un coche para comenzar la ruta.
Es la opción más sencilla para moverse con libertad entre las localidades y detenerse en los lugares que quedan fuera del recorrido principal.
Buena parte del trayecto entre Sevilla y Granada discurre por la A-92, aunque para llegar a determinadas poblaciones hay que desviarse por carreteras secundarias.
Fueron precisamente esos desvíos los que nos permitieron bajar el ritmo y disfrutar de los paisajes de la campiña andaluza.
Una vez aparcado el coche, recorrimos a pie los centros históricos.
En general, encontramos aparcamiento sin demasiadas dificultades, excepto en Sevilla y Granada, donde tuvimos que recurrir a zonas reguladas o aparcamientos de pago.
Las Rutas de El legado andalusí también recuperan algunos caminos tradicionales que pueden recorrerse a pie, en bicicleta o a caballo.

Mejor época para hacer la Ruta de Washington Irving
Nosotros realizamos el viaje entre enero y febrero, por lo que experimentamos todo tipo de climatología.
Viajar en temporada baja nos permitió encontrar menos visitantes y mejores precios en algunos alojamientos, aunque también tuvimos días de bastante frío.
La primavera y el otoño son, en principio, las épocas más agradables para recorrer la Ruta de Washington Irving y disfrutar de los paisajes de la campiña.
En verano, las temperaturas pueden ser muy altas, especialmente en las horas centrales del día.
Granada nos regaló imágenes de la Alhambra con las cumbres nevadas de Sierra Nevada al fondo, una estampa difícil de olvidar.
Estepa nos caló hasta los huesos, aunque por la tarde nos secó un potente sol.
El viento gélido se apoderó de nuestra visita a Osuna y el sol, como no podía ser de otra manera, nos salió por Antequera.

Dónde alojarse en la Ruta de Washington Irving
Durante el viaje probamos diferentes tipos de alojamiento, algo que solemos hacer siempre que viajamos.
Cada uno terminó aportando una experiencia distinta a la ruta.
En Sevilla nos alojamos en el Casual de las Letras Sevilla, un hotel de temática literaria situado en pleno centro histórico.
No podíamos haber elegido un lugar más apropiado para comenzar un viaje inspirado por un escritor.
En Osuna pasamos varios días en la Casa Rural Migolla, situada en el centro de la ciudad y muy cerca de los principales lugares que queríamos visitar.
También nos dimos el gusto de alojarnos en dos Paradores Nacionales: Carmona y Antequera.
Somos grandes admiradores de estos establecimientos y nos encanta la oportunidad que ofrecen de dormir en edificios históricos o en lugares estrechamente vinculados con el destino.
En Humilladero optamos por una casa particular.
Para los últimos días en Granada cambiamos de nuevo nuestra forma de alojarnos y recurrimos al turismo colaborativo.
Nuestros anfitriones de Couchsurfing nos permitieron acercarnos a la ciudad desde una perspectiva mucho más cercana y local.

Gastronomía y productos locales de la ruta
Como suele ocurrirnos en cada viaje, la gastronomía terminó formando parte de la Ruta de Washington Irving.
Cada localidad fue sumando sus propios productos, dulces y recetas al recorrido.
En Estepa, tierra de mantecados y polvorones, conocimos de cerca una tradición repostera que ha dado fama a la ciudad.
En Antequera probamos su porra antequerana y, en Osuna, los dulces conventuales nos regalaron un bizcocho con auténtico sabor a cielo.
Por el camino también aparecieron las migas, los roscos tradicionales, el pan artesano y los aceites de oliva, productos muy ligados a los paisajes agrícolas que nos acompañaron durante buena parte de la ruta.
Y, por supuesto, en Sevilla y Granada comprobamos una vez más que la cultura del tapeo alcanza auténticas cotas de arte.

Etapas de nuestra Ruta de Washington Irving
A continuación te contamos cómo organizamos nuestro recorrido por la Ruta de Washington Irving. En cada etapa encontrarás enlaces a los artículos donde explicamos con detalle qué ver, qué visitar y nuestra experiencia en cada lugar.
Sevilla: inicio de la ruta
Dedicamos tres días completos a Sevilla, punto de partida de nuestro recorrido por la Ruta de Washington Irving. Durante esos días buscamos las huellas de la antigua Ishbiliya en la Giralda, la Torre del Oro, el Real Alcázar y otros rincones que reunimos en nuestro paseo por la Sevilla andalusí.
Uno de nuestros objetivos era encontrar la casa donde se alojó Washington Irving durante su estancia en la ciudad. La localizamos en el callejón del Agua, muy cerca de los Reales Alcázares. Es una vivienda particular y no se puede visitar, pero una placa en la fachada recuerda el paso del escritor.
También entramos en el Archivo General de Indias, donde Irving investigó para escribir su obra sobre Cristóbal Colón. El edificio forma parte, junto con la Catedral y el Real Alcázar, del conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
La etapa sevillana todavía nos reservó tiempo para acercarnos al Museo del Baile Flamenco, donde disfrutamos de una tarde dedicada a otro de los grandes símbolos culturales de Andalucía.

Campiña sevillana: Alcalá de Guadaíra y Carmona
Al abandonar Sevilla pusimos rumbo a Alcalá de Guadaíra, primera parada de nuestra ruta por la campiña sevillana.
La ciudad nos sorprendió por su castillo, los antiguos molinos junto al río Guadaíra y una tradición panadera que durante siglos la convirtió en la gran abastecedora de pan de Sevilla.
Desde allí continuamos por la comarca de Los Alcores hasta Carmona, el llamado Lucero de Europa.
Paseamos por una ciudad en la que las huellas romanas, andalusíes y medievales aparecen a cada paso, desde la Puerta de Sevilla hasta las calles de su casco histórico.
Terminamos la jornada en el Parador de Carmona, instalado en el antiguo alcázar del rey Pedro I.
Su ubicación, dominando la campiña, fue el mejor cierre para nuestra primera etapa fuera de Sevilla.

Osuna, la villa ducal
La A-92 nos llevó entre campos de olivos hasta Osuna.
Llegamos sin haber planificado demasiado la visita y terminamos quedándonos varios días: la villa ducal fue uno de aquellos destinos secretos que el viaje nos tenía reservados.
La antigua Urso se alza sobre un cerro habitado desde hace más de tres mil años.
Su historia fue dejando palacios, conventos y casas nobles, además de un conjunto monumental en el que destacan la Universidad y la Colegiata con su Panteón Ducal.
Entre todos sus rincones, el Coto de las Canteras fue la gran sorpresa.
Aquella antigua cantera, utilizada durante siglos para extraer la piedra con la que se levantaron muchos edificios de Osuna, se ha transformado en un espacio cultural conocido como la «Petra de Andalucía».
Su interior y los enormes relieves esculpidos en la roca nos dejaron con la boca abierta.

Estepa, ciudad de mantecados y polvorones
Al dejar Osuna, el paisaje comenzó a cambiar.
Los campos de la campiña dieron paso a colinas cubiertas de olivos y, como escribió Washington Irving, «en este punto nos adentramos en la sierra».
En Estepa cruzamos simbólicamente el umbral entre la campiña sevillana y el antiguo reino de Granada.
La ciudad es conocida por sus mantecados y polvorones, pero durante nuestra visita descubrimos que su historia va mucho más allá de los tópicos navideños.
Recorrimos el conjunto monumental del cerro de San Cristóbal, conocimos su tradición olivarera y nos acercamos a historias de bandoleros que todavía forman parte del imaginario de estas tierras.
También visitamos el Obrador de los Ángeles y Oleoestepa, por lo que abandonamos la ciudad con el coche cargado de productos y el bloc de notas repleto de nombres, personas y anécdotas.

Fuente de Piedra y su reserva natural
Tras dejar Estepa cruzamos a la provincia de Málaga.
Nos alojamos durante dos noches en Humilladero y desde allí nos acercamos hasta la Reserva Natural Laguna de Fuente de Piedra, uno de los grandes espacios naturales de la ruta.
La laguna es uno de los principales enclaves de reproducción del flamenco común en la península ibérica cuando las condiciones del agua lo permiten.
Nosotros la visitamos en enero, antes de la llegada de las grandes colonias, pero la ausencia de flamencos no le restó interés a la jornada.
Recorrimos los senderos y miradores de la reserva, rodeamos parte de la laguna por la carretera del Cortijo de la Herriza y terminamos contemplando la puesta de sol entre olivares, campos de cereales y cortijos.
Aquel paisaje tranquilo consiguió retenernos durante toda la tarde.

Antequera y el Torcal
Antequera fue una de las grandes sorpresas del viaje y, además, allí por fin nos salió el sol.
La localidad malagueña nos recibió con una extraordinaria concentración de patrimonio: la Alcazaba, iglesias, conventos, palacios, miradores y el perfil inconfundible de la Peña de los Enamorados.
Durante nuestro recorrido por Antequera en un día también nos acercamos a sus dólmenes.
Menga, Viera y El Romeral forman parte, junto con la Peña de los Enamorados y El Torcal, del Sitio de los Dólmenes de Antequera, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Terminamos la jornada en El Torcal.
Contemplar el atardecer entre aquellas formaciones de roca caliza fue uno de los momentos más memorables de nuestra Ruta de Washington Irving.

Archidona, la señora de la altura
Abandonamos Antequera por la carretera A-7282, siguiendo durante buena parte del trayecto el perfil de la Peña de los Enamorados.
Nuestros días en la ruta comenzaban a agotarse y teníamos que avanzar hacia Granada, pero antes hicimos una parada en Archidona.
La ciudad nos recibió en un tranquilo lunes, con muchos de sus monumentos cerrados.
Aun así, paseamos por el centro histórico, conocimos su singular plaza Ochavada y subimos hasta el Santuario de la Virgen de Gracia.
Desde allí arriba contemplamos Archidona, su recinto amurallado y el paisaje que la rodea.
Las puertas cerradas nos impidieron conocer algunos lugares, pero no nos quitaron las ganas de seguir caminando por esta «señora de la altura».

Loja, puerta de Granada
Nunca habíamos oído hablar de Loja, la ciudad del agua hasta que apareció en las páginas de Cuentos de la Alhambra.
Tiempo después llegamos hasta ella siguiendo los pasos de Washington Irving, ya en la recta final de nuestra ruta.
Un cielo gris, casi negro, y una fuerte lluvia nos dieron la bienvenida a la primera de nuestras etapas granadinas.
Tras recopilar información en la oficina de turismo, recorrimos los miradores, el barrio medieval de la Alcazaba, el Centro de Interpretación del Agua y el Monumento Natural de los Infiernos de Loja.
También conocimos sus aceites y, por supuesto, probamos los famosos roscos de Loja.
¡Demasiada historia, patrimonio y gastronomía para concentrarlos en un solo día!
Aun así, nos marchamos gratamente sorprendidos por una ciudad que Washington Irving describió como la llave de Granada:
Su nombre árabe significa guardián, y eso es lo que fue para la Vega de Granada, uno de sus centinelas avanzados. Fue en su día la fortaleza del fiero veterano Alí Atar, suegro de Boabdil…
Washington Irving, Cuentos de la Alhambra.

Granada, final de la ruta
Once días después de abandonar Sevilla y con más de 300 kilómetros de ruta a nuestras espaldas, llegamos a Granada.
En el coche llevábamos productos comprados durante el camino y, en la mochila, la edición de Cuentos de la Alhambra junto a Pipo, nuestra mascota viajera.
Dedicamos casi seis horas a visitar la Alhambra de Granada sin prisas.
Recorrimos el Generalife, la medina, los Palacios Nazaríes y la Alcazaba hasta llegar a la sencilla habitación donde una placa recuerda la estancia de Washington Irving.

Aquel espacio casi vacío resultaba insignificante frente al esplendor de los palacios, pero para nosotros fue uno de los momentos más emocionantes de la visita.
Allí terminaba un viaje que había comenzado meses atrás con la lectura de un libro.
Mientras recordábamos el camino recorrido, tuvimos la sensación de haber completado mucho más que una ruta en coche.
Habíamos seguido las huellas de una historia, de una época y de un escritor que nos acompañó desde Sevilla hasta Granada.
En nuestro artículo sobre la ruta literaria de Cuentos de la Alhambra contamos con más detalle el libro y la figura de Washington Irving que inspiraron este viaje.
Esperamos que esta guía de la Ruta de Washington Irving te anime a recorrer los caminos de El legado andalusí y a organizar el itinerario a tu manera.
Y tú, ¿alguna vez has realizado un viaje inspirado por un libro o por un autor? Nos encantará leer tu experiencia en los comentarios. ✨




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